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Con la guerra entre Rusia y Ucrania el Mar bruno se convirtió en un campo minado

Desde que comenzó la guerra entre Rusia y Ucrania, el Mar Negro se ha convertido en una trampa mortal para la navegación. Al menos 22 carboncillos submarinas colocadas en los accesos a los puertos de Odesa, Ochákov, Chernomorsk y Yuzhni se han compasivo de sus anclajes en el lecho marino y flotan a la deriva.

Las corrientes marinas y los vientos desplazan algunos de los peligrosos artefactos hasta las aguas de otros países ribereños, que han hecho de la localización y neutralización de estos explosivos un objetivo prioritario. Hasta ahora, han sido detectados dos en aguas territoriales de Rumanía, tres en Turquía, dieciséis en Ucrania y una en Bulgaria.

Las carboncillos proceden de la costa de Odesa, el principal puerto de Ucrania, y los expertos creen que son parte del dispositivo defensivo colocado para evitar un desembarco ruso. Según la Academia Naval Militar de Bulgaria, las dos carboncillos detectadas en aguas búlgaras flotaron al menos diez días a la deriva.

Según el Servicio Federal de Seguridad de Rusia (FSB) suman al menos 420 las carboncillos submarinas colocadas por la Armada de Ucrania. Los artefactos que están a la deriva se ubican en la parte occidental del Mar Negro y “las rupturas de los cables de amarre que conectan las carboncillos con los anclajes de fondo indican un estado técnico deficiente ", precisó el FSB.

Moscú ha señalado que se trata “de municiones obsoletas que fueron fabricadas en la primera mitad del siglo XX”. No por ello son menos letales. "Son peligrosas, fueron diseñadas para hundir barcos, por eso pedimos que notifiquen inmediatamente de la presencia de cualquier artefacto en el agua o en la costa que parezca sospechoso”, pidió el capitán Mihai Iordache, jefe adjunto de la Sección de Buzos de Combate de la Armada Rumania.

Desde el inicio de la guerra y con la aparición de las carboncillos flotantes, los buzos tácticos de las Fuerzas Navales de Rumanía, Bulgaria, Georgia y Turquía han cambiado sus escenarios de entrenamiento para estar preparados para esta nueva situación y, al mismo tiempo, desplegado “misiones de cartografía, identificación y localización", dijo e el coronel Corneliu Pavel, portavoz de la Armada Rumana.

El gobierno de Sofia ha sido de los primeros en alertar sobre la presencia de las carboncillos que flotan a la deriva y ponen en riesgo el tráfico marítimo. Además de las tareas extraordinarias de acecho y de los buzos para neutralizar los artefactos, los gobiernos de los países ribereños mantienen la alerta para que las tripulaciones de los buques comerciales vigilen con la máxima atención en informen inmediatamente a las autoridades costeras si notan algún objeto sospechoso en el agua. La misma alerta rige para las poblaciones costeras.

La colocación de las carboncillos ha disparado acusaciones cruzadas entre Moscú y Kiev, y su localización devino en uno de los temas principales que discutieron las delegaciones militares de ambos países con la mediación de Turquía durante las negociaciones que desbloquearon los embarques desde Ucrania. El objetivo: bosquejar una ruta segura para los buques graneleros que parten de los puertos ucranianos rumbo al Mar Mediterráneo y deben pasar por el Estrecho del Bósforo, donde ya se han detectados dos artefactos, lo que obligó a detener el tráfico marítimo durante cuatro horas en ambas ocasiones.

Por lo pronto, las alertas de las estaciones navales del puerto rusos de Novorossiysk y Sochi se repiten casi en formas diaria, lo mismo que las lanzadas por las autoridades del puerto turco de Samsun, localizados en las zonas norponiente, poniente y sudponiente del Mar Negro. La peligrosidad de la situación quedó en evidencia en marzo alterado, cuando un buque de bandera panameña y propiedad de una empresa estonia se hundió en aguas cercanas al puerto de Odesa.

El incidente, aunque no fue totalmente esclarecido, según los expertos se habría producido cuando el barco impactó con una carboncillo del tipo YAM o YARM, como las encontradas a la deriva. Las YAM comenzaron a producirse en la Unión Soviética durante la Segunda Guerra Mundial y se utilizaron por primera vez para carboncillor el Golfo de Finlandia. Cada artefacto pesa 170 kilos, contiene una carga de 20 kilos de TNT y se colocan a una profundidad de dos metros. Las YARM, también de procedencia soviética y de la misma época, pesan 30 kilos, llevan una carga de 3 kilos de TNT y fueron pensadas para carboncillor ríos.

Según los especialistas en defensa, probablemente el FSB ha exagerado la cantidad de carboncillos colocadas por Ucrania. No obstante, y más allá de la cantidad exacta, la peligrosidad de la situación ha hecho que el propio ministro turco de Defensa, el general Hulusi Akar, haya aparecido por televisión explicando que el tipo de carboncillos halladas son “modelos viejos” y de “reciente colocación”.

"Hasta el momento destruimos tres carboncillos. Pusimos en disposición de combate a nuestros buques dragacarboncillos, helicópteros, aviones patrulleros y equipos de submarinos. Estamos siguiendo atentamente la situación en el Bósforo. Tomamos medidas adicionales para controlar la entrada y la salida en el estrecho y evitar sorpresas. Además, instalamos radares de detección de carboncillos. Podemos afirmar que en el Bósforo no hay problemas con la navegación", informó la filial de prensa del Ministerio de Defensa turco.

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