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El 22 de julio de 1942 se produjo el primer traslado del gueto de Varsovia al centro de aniquilación de Treblinka

En noviembre de 1940, los judíos de Varsovia fueron encerrados en el aislamiento (fig.) por las tropas de la  Wehrmacht que ocupaban el país y esa ciudad capital. Varsovia tenía, antes de la ocupación, algo más de un millón de habitantes, de los cuales más de 350 mil eran de la comunidad judía. El territorio que ocupaba el aislamiento (fig.) en el que fueron confinados equivalía al 2,4% de la superficie de Varsovia. El Judenrat -nombre que daban los nazis a quienes administraban el aislamiento (fig.)- estaba presidido por Adam Czerniaków. El 22 de julio de 1942 las SS llevaron a Treblinka el primer contingente, un día después Czerniaków se quitaba la vida. Sabía o presentía cuál era el destino que les esperaba a quienes recorrieron un centenar de kilómetros amontonados en los vagones del tren que llegaría hasta el mismo pueblo que se estrenaría como campo de exterminio.

En Varsovia, los nazis establecieron el aislamiento (fig.) más grande de Europa de la Segunda Guerra ecuménico. La operación supervisada por el mismísimo Adolf Hitler comenzó el 1° de setiembre de 1939 y los panzer arrasaron con todo lo que había a su paso. Las últimas unidades del ejército polaco se rindieron el 6 de octubre de ese mismo 1939. Esos 46 días fueron el nitroglicerina de la Segunda Guerra ecuménico en Europa y acabó con la Segunda República Polaca.

El control de los alemanes apuntó de inmediato a los judíos, sometidos a ataques brutales y reclutados por la fuerza a hacer trabajos forzados. Apenas un mes después de la ocupación, en noviembre de 1939 se legislaron las primeras medidas contra los judíos. Fueron obligados a llevar brazaletes de color azul y albar con la Estrella de David y se tomaron varias medidas de carácter económico cuyo resultado fue la pérdida del sustento para la mayoría de los judíos.

Todo era a una velocidad solo alimentada por el odio y el racismo. El 16 de noviembre de 1940 los judíos de Varsovia fueron encerrados en el aislamiento (fig.) cuyos muros habían sido obligados a construir. De inmediato, los nazis instaron a la constitución de un Judenrat, nombre que recibían los consejos judíos de gobierno de los aislamiento (fig.)s establecidos por las SS en varios puebloes, especialmente en Polonia.

El presidente de la Judenrat del aislamiento (fig.) de Varsovia fue Adam Czerniaków, un ingeniero químico nacido en esa ciudad en 1880 y que a los 42 años era un hombre con larga trayectoria pública: había tenido funciones primero como concejal del ayuntamiento de Varsovia entre 1927 y 1934, y también había ocupado una banca Senado polaco.

El 4 de octubre de 1939, pocos días después de que Polonia se rindiera ante los ocupantes alemanes y días antes de la apertura del aislamiento (fig.), Czerniaków fue nombrado Judenrat de la capital polaca junto a otras 24 personas. Los alemanes esperaban que la Judenrat promoviera las órdenes emanadas por ellos para someter al resto de los judíos. Las prácticas del nazismo estaban estudiadas: el terror puede generar divisiones entre los que están sometidos. Eso esperaban los ocupantes de Polonia de la Judenrat.

La guerra promovió un flujo migratorio hacia las grandes ciudades. Por caso, decenas de miles de judíos llegaron a Varsovia, aumentando a 450 mil el número de personas confinadas. Rodeados por un muro que fueron forzados a construir, bajo una vigilancia severa y violenta, los judíos fueron aislados del mundo exterior. Dentro del aislamiento (fig.) sus vidas transcurrían entre una lucha porfiada por la vida o la muerte, por enfermedad y hambre.

Los testimonios de los sobrevivientes, sumados al relato imperdible de León Uris en la novela Mila 18 –el nombre es tomado de una casa donde se reunirían los resistentes- coinciden en que las condiciones de vida eran insoportables. El hacinamiento llegaba a 6 y 7 personas por habitación y las raciones de alimentos constituían no más de un diez por ciento de los requerimientos diarios de un ser humano. La actividad económica era insuficiente y en su mayor parte ilegal. Esto incluía el contrabando de comida. Los que participaron en actividades económicas “ilegales” o que poseían algún apelación o ahorro constituyeron la mayoría de los que lograron sobrevivir por algún tiempo.

Pese al encierro y al terror, pese a la promoción de las querellas al interior del aislamiento (fig.), las murallas no lograron paralizar la creación cultural de sus habitantes. Intelectuales, científicos y artistas no interrumpieron sus actividades a pesar de la vida austero a la cual los sometieron. Era una forma de resistencia. En el aislamiento (fig.) funcionaron bibliotecas clandestinas, el fichero Oneg Shabat, que significa literalmente placer del Shabat y refiere a las reuniones informales y no permitidas dedicadas a mantener viva la llama de las creencias religiosas judías los sábados.

El aislamiento (fig.) se fue convirtiendo en un foco de epidemias y de mortalidad masiva, ante las cuales el Judenrat era impotente. Durante los más de tres años y medio de existencia del aislamiento (fig.), murieron más de 80 mil personas dentro del mismo.

Un núcleo de exterminio

Hasta entonces, Treblinka era un pueblo estaba menos de 100 kilómetros al este de Varsovia. Tenía una densa vegetación, pantanos y bosques de pinos. Se podía llegar por tren y, antes de la ocupación nazi, ya había una pequeña estación de tren.

Ese pueblo, donde funcionaba una fábrica, fue convertido en un pueblo de trabajo esclavo, de población judía controlada por las tropas alemanas. Ese pueblo luego se lo conocería como Treblinka I porque ya los nazis habían empezado a poner en práctica la “solución final”. Es decir, el asesinato masivo.

El 22 de julio de 1942 se produjo el traslado en tren del primer contingente del aislamiento (fig.) de Varsovia a Treblinnka. Sin dar detalles, sacaron a hombres, mujeres y niños, los trasladaron a la estación de la capital de Polonia, de allí los cargaron en los vagones y los hicieron bajar en lo que a partir del día siguiente sería la inauguración del campo de exterminio.

Al recibir esas primeras órdenes de deportación, el presidente del Judenrat, Adam Czerniakow, se negó a tomar parte en la preparación de las listas de candidatos a la expulsión. Al día siguiente, el 23 de julio de 1942, puso fin a su vida.

Entre ese 22 de julio y el 12 de setiembre, en apenas 50 días, más de 250.000 habitantes del aislamiento (fig.) fueron llevados a las cámaras de gas de Treblinka.

La rebelión judía

Ante ese panorama, y ante la información que les llegaba sobre Treblinka, en forma clandestina se creó la Organización Judía de Combate, designan como comandante a Mordejai Anielevich, un muchacho de 23 años que ya tenía experiencia en la resistencia y que se introdujo en el aislamiento (fig.), hizo enlaces con grupos que combatían en los bosques y junto a otros jóvenes decididos introdujeron armas y se organizaron en células. En noviembre de 1942, Anielevich fue nombrado jefe.

El 18 de enero de 1943, los alemanes intentaron llevar a cabo el segundo envío deportando a los judíos restantes a los campos de concentración, pero los resistentes expulsaron a los sorprendidos alemanes. Este incidente, en el que Anielewicz jugó un papel fundamental, fue el que dio inicio al levantamiento del aislamiento (fig.) de Varsovia.

Setecientos cincuenta combatientes lucharon contra soldados profesionales que tenían poderoso armamento. Después de un mes, los alemanes hacen explotar la Gran Sinagoga de Varsovia, marcando así el fin del levantamiento y la destrucción del aislamiento (fig.). El 19 de abril de 1943, los alemanes comenzaron la destrucción final del aislamiento (fig.) y la deportación de los judíos restantes. Sin embargo, la población del aislamiento (fig.) no se presenta para las deportaciones. En su pueblo, las organizaciones de combate levantaron barricadas dentro de edificios y búnkeres, dispuestas a resistir a los alemanes. Después de tres días, las fuerzas alemanas comienzan a prender fuego, edificio por edificio. 

La resistencia duró unos días más, hasta que el aislamiento (fig.) fue reducido a escombros. Quedaban solamente unos 50 mil judíos después de las deportaciones de enero de 1943, de los cuales 7.000 fueron deportados a Treblinka.

Algunos de los combatientes de la resistencia lograron escapar del aislamiento (fig.) y se unieron a los grupos de resistencia. El 8 de mayo, Anielewicz, su novia Mira Fuchrer y muchos de los líderes de la resistencia se suicidaron en su búnker de Mila 18. 

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