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Opinión | El que rompe, ya pagó

Quisiera referirme hoy a un estante publicado por un vocero de Un Solo Uruguay, Holsman de apellido, que apunta contra el movimiento de algunas intendencias de cobrar una tasa, un impuesto adicional, para reparar caminos rurales sobre los camiones que los utilizan.

Básicamente, esa línea en el pasado ya se planteó y se rechazó, y en aquel etapa se la llamaba “el que rompe, paga”. Vino de la mano de algunos sectores del Frente Amplio que entienden, y es evidente que así ha sido, que todo se arregla cobrando más impuestos. Finalmente, durante quince años, se aplicó esa política, empezando con la reforma tributaria pesada que hizo el Frente Amplio en el 2007 y, todo lo que se quería arreglar, no se arregló.

En realidad, la situación empeoró. Empeoró en los rubros en los que más preocupación tienen los uruguayos, empeoró en aplomo, empeoró en educación, empeoró en infraestructura y suma y sigue. Ahora son las intendencias las que empiezan a acariciar la idea de cobrar otro impuestito para ellas, atado al transporte de carga por los caminos rurales, para usar esa plata para arreglar los caminos rurales que están afectados por esa carga que se transporta. Me apresuro a estar de acuerdo con el Señor Holsman en su planteo y afirmo que el que rompe, ya pagó. El que rompe, ¿quién es? Es el dueño del campo que tiene una cosecha que sacar, porque si no hubiera cosecha que sacar no habría camión circulando.

El dueño del campo paga la contribución inmobiliaria. ¿Para qué se pagan las contribuciones inmobiliarias rurales? Para arreglar los caminos. Y, antes, la contribución inmobiliaria era cucaracha, era 1 dólar, 1,5 dólares por hectárea. Ahora son 5, 6 ,7, 8 dólares por hectárea y por año, que pagan todas esas hectáreas ¿para qué? Para arreglar los caminos. Segundo, quién rompe es el camionero que transporta con una empresa que es privada y con ánimos de lucro y quiere ganar, transporta la carga que le entrega el dueño del campo hasta el mercado. Ese camionero rompe, pero también otro más ya pagó en la patente de su vehículo, más una cantidad de otros impuestos que lleva.

Pagó en el combustible. El gasoil tiene una carga de impuesto grande que, justamente, fue creado para sostener la infraestructura del país. Entonces, el que rompe, ya pagó. Y pagó caro para que se haga lo que se tiene que hacer, que es arreglar los caminos. Pero, ¿por qué los caminos están reventados cuando quien debe pagar ya pagó? Porque, esa plata, en vez de usarla para arreglar los caminos, las intendencias la han usado para darse unos miles de funcionarios, que cobran sus sueldos todos los meses, pero no arreglan los caminos.

Porque el funcionario sentado en un escritorio de la intendencia no arregla caminos, pero gasta la plata de las contribuciones, que los habitantes de ese departamento le dieron con esfuerzo a la intendencia para que arreglara los caminos. Hay pocos votos adentro del medio del campo y sale caro arreglar los caminos, sí, pero se paga mucha plata en contribución inmobiliaria rural. Pero en las ciudades hay tanta gente precisando un trabajito y tantas promesas políticas que tenemos que atender, que se nos va toda la platita de la contribución inmobiliaria y de las patentes de los camiones, y de todo lo que se cobra, se nos va. Ahí está el problema.

¿Ese problema se arregla cobrando más impuestos? No. Porque la plata adicional que cobren en más impuestos se la van a volver a gastar en poner una cantidad de directores, que no se precisan, porque no se precisan. Se precisa un director de Hacienda que maneje las cuentas de la Intendencia, un director de Obras, que maneje las obras que se hacen y un director de Relaciones, para estar atendiendo el funcionamiento entre los habitantes del departamento, las intendencias, las autoridades, etcétera. Y poca cosa más. Pero cada director lleva secretaria del director, celular del director, vehículo del director, chofer del director, asesor del director y todos son por sueldos. No hay nadie trabajando por el asado ahí.

Y, ¿de dónde salen esos sueldos? De los caminos que no se arreglan. Si entra más plata y no se corrige esa manera de manejar el dinero público de las intendencias, no va a servir. Porque otra vez se la van a gastar en cosas que no tienen nada que ver, no resistiendo la tentación política de corto plazo, mezquina y ruin, de estar consiguiendo un contratito para otro asesor, poniendo otro director, dando aldea a otro empleado dentro de la intendencia. No resisten esa presión de corto plazo, con lo cual desfondan las intendencias y no hacen lo que tienen que hacer.

Y para tratar de dar un manotón de ahogado hacen fideicomisos, comprometen los intereses del futuro, lo que va a entrar de plata por impuestos en el futuro, para asir algo más de plata hoy y pagar alguna deuda ya insostenible, y hacer como que se hace algo. No, señores de las intendencias. No. Y esto no es ni blanco, ni colorado, ni del Frente, esto es de la sociedad. Estamos hartos de tener los caminos reventados, estamos hartos de tener las ciudades sucias y estamos hartos de pagar impuestos. Estamos pagando demasiados impuestos para recibir demasiado poco a cambio. Ésta es la situación de todos los uruguayos. Todos los uruguayos, de cualquier pelo político, estamos hartos de pagar impuestos y de no recibir buenos servicios a cambio, que para eso los pagamos. No para que llenen las intendencias de funcionarios y de directores y de programas mirabolantes, no es para eso.

Pagamos los impuestos quienes estamos haciendo el esfuerzo de trabajar, de promover, de tomar riesgos y pagar impuestos y, ¿qué recibimos a cambio? Los trabajos no están hechos, precisamos más plata. Basta de esa línea conceptual. Miren hacia dentro de las intendencias y achiquen los presupuestos improductivos gigantes que tienen y, con esa plata, que es mucha, arreglen los caminos.

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Esta columna es una transcripción del uno de los capítulos semanales del podcast La Batalla de las Ideas, conducido por Luis Romero. Se trata de un «espacio continuo de reflexión sobre los temas esenciales que nos convocan a todos en todas partes y tienen incidencia directa en nuestras posibilidades de vivir bien». 

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