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Opinión | Un culebrón mentiroso

No quise opinar sobre las acusaciones contra el senador Charles Carrera porque no había visto el programa original de Santo y Seña del 7 de agosto, ahora me tragué más de una hora y media del segundo capítulo, el del 14 de agosto. Y una semana intensa de debates e intercambios en la laminador sobre este tema.

En La Tertulia lo discutimos lateralmente, desde la visión de la cantidad de “escándalos” a la uruguaya. Es decir, de cierto nivel, que simultáneamente ocupan el escenario político. Considerando el caso de Charles Carrera y del senador Juan Sartori, pero no entramos específicamente en el tema.

Voy a reafirmar un concepto, mi libertad de opinar sobre los hechos políticos, independientemente de a quién involucren, como lo hice durante el anterior gobierno, del FA.

La verdad es que es difícil adivinar un culebrón con pretensiones de periodismo del nivel del Santo y Seña del domingo 14 de agosto. Un entrevistador y su adlátere, manipulando en vivo las propias declaraciones de los entrevistados, interpretándolas, mezclando los temas de manera grosera y viscosa.

No soy habitué de ese programa, pero hace tiempo que no veía nada parecido. No se sabía cuál era el centro, o mejor dicho, el autor del disparo, que notoriamente partió de la casa donde se realizaba la fiesta del sub comisario y que hirió gravemente y dejó postrado al joven Víctor Hernández. Tenía que, obligatoriamente, caerle encima al senador Charles Carrera a como diera lugar. Y, además, agregar como peludo de regalo y sin ninguna base a Yamandú Orsi en varias ocasiones en el asunto, por si faltaba una prueba de que era pura manipulación politiquera.

La “culpa” de haberlo ingresado al Hospital Policial porque no tenía posibilidades de atenderse en Rocha, ayudarlo económicamente durante esos tres años, sin afectar ninguno de los fondos policiales, como los sagaces “investigadores” tuvieron que reconocer. La justicia y su diagnóstico civil y penal, asuntos internos de la Policía, todos revueltos en un mismo lodo y la acusación que se estaba encubriendo un asunto grande de corrupción policial, a pesar de los sumarios, de las suspensiones de los ascensos del sub comisario Marcos Martínez a comisario. Y el uso de la mentira.

Me anoté las fechas de los ascensos que aparecieron en pantalla que notoriamente estaban hechos por el programa y me puse a confirmar un solo dato asaz importante, las varias páginas del expediente judicial no eran discutibles, las fechas sí.

Porque Ignacio Álvarez hizo hincapié, insistió, que, en definitiva, el ascenso a Comisario, fue realizado en febrero del 2020. Seguramente, entre los últimos actos del gobierno anterior y resulta que mintió con descaro. En el anterior gobierno se le impidió ascender precisamente por las sanciones recibidas a raíz del episodio de La Paloma por parte del gobierno, y quien lo ascendió a comisario fue el actual gobierno blanco, el 16 de setiembre del 2020, y no en febrero del 2020, como apareció en la pantalla del programa.

Además del revoltijo, también se recurrió a la mentira para que cerrara la operación política. La prueba está en la fotocopia en el inicio (y final) de esta nota. Ascendió por selección a comisario, el 16 de setiembre del 2020. Lo eligieron las autoridades ministeriales y no fue por concurso. Pero, como sin ese cambio de fecha buena parte de la telenovela se les venía abajo, mintieron.

Si yo eligiera seguir chapoteando en el barro me pondría a especular sobre las causas de la “selección” del ascenso del comisario por parte del gobierno blanco. Ni se me ocurre, simplemente deben quedar claros los hechos y las fechas.

¿Darle asistencia a una persona víctima de un balazo que partió de una casa de un sub comisario, a pesar de los horrores del peritaje balístico, reconocido por las propias autoridades en sus errores, darle asistencia hospitalaria y un mínimo de apoyo económico, es un delito asaz grave?

¿Qué estarían diciendo los mismos personajes “periodísticos” ministeriales y políticos, si simplemente se hubiera dejado que todo ocurriera sin ninguna intervención y compromiso de parte de las autoridades del Ministerio del Interior y sin ninguna asistencia, simplemente lavándose las manos?

Estarían diciendo cosas mucho peores, y lo más grave es que tendrían razón. ¿Y si con el ascenso bloqueado por las sanciones anteriores, si efectivamente Marcos Martínez hubiera sido elegido por las autoridades como comisario de Lascano en febrero del 2020 y no- como ocurrió – el 16 de setiembre del 2020, que escándalo estarían haciendo?

No quiero ni pensar los capítulos de la novela que estarían escribiendo si además el joven Víctor Hernández hubiera sido asumido como burócrata de la Intendencia de Rocha, en manos del anterior intendente frenteamplista. Tiempo, sobró desde el 2015.

Si antes tenía la seguridad que la entrega del puerto de Montevideo por 60 años a los belgas era un escándalo de proporciones inéditas en nuestro país, sin comparación con nada sucedido previamente, ahora mi seguridad se multiplicó por mil, si están dispuestos a armar este culebrón contra un Senador de la República para golpearlo. Y lo hace el ministro Luis Alberto Heber, que es uno de los principales responsables de la peor entrega de soberanía que gobierno alguno haya realizado en el Uruguay.

Todo es opcional en la dimensión de la ciénaga.

Montevideo Portal

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